Bájame a tu infierno: el contrato de intimidad en BDSM

El alma de BDSM reside en la naturaleza instintiva de nosotros los humanos como animales, ese contrato vinculante de emociones que exige que uno de nosotros se subyazga a otro. Conocer los gustos más primales de nuestro/a compañera es la forma más simple y concisa de intimidad. Esos momentos de deseo intenso que se pierden en una utopía de fantasías sexuales que se multiplican por segundo, cada una con la forma única e irrepetible de las distintas personalidades humanas.
Someterse al infierno de placer de tu pareja hace que tu debilidad se convierta en erotismo. Dominar a tu pareja, por otra parte, fortalece la confianza, significa que tu pareja se pone en tus manos por completo. Una relación de entrega plena, dónde el deseo auténtico ayuda constantemente a la conquista de los fluidos, es sencillamente orgásmica en sí.
Una relación dentro del BDSM implica también un compromiso, un código de honor marcado principalmente por la confidencialidad de los amantes. Un código donde prevalezcan el placer, la libertad y el respeto hacia los límites sexuales de cada quien.
BDSM debe ser un trabajo en equipo a pesar de las posibles diferencias de roles, un acuerdo de mutua satisfacción es la única vía para poder aprovechar al máximo los placeres terrenales en sus distintas expresiones y a distinto grado. Para esto, se deben dejar los tabúes y prejuicios que se imponen sobre el BDSM socialmente, y aceptar que cada persona está inclinada en algún momento hacia el paraíso lujurioso del castigo donde podemos manifestar la voluntad personal de cada cual, ya sea ceder el control y someterse o sentir el poder y dominar.
Cualquier persona es un claro ejemplo de estereotipos sociales característicos, definidos por la influencia externa, pero nadie es capaz de borrar el deseo primitivo de dominar o ser dominados. La necesidad de besos más intensos, más profundos, mucho más exigentes; el sexo duro, desafiante y abrumador; sentimientos que apelan a nuestro lado más salvaje.
Sí, conocer a tu pareja sin disimulos, en el trance entre el dolor y el placer, te permite llegar a conocerlo/a en su lado más primal y más sincero, a la vez que contribuye a la intimidad y fortalece la atracción entre los cuerpos.

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